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¿Qué cambios has tenido al conocer la vida de Conchita y de P. Félix de Jesús Rougier?

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rcs@apcross.org

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 



Testimonios

 
Un cambio en mi vida: el encuentro con Conchita 
Cuando mi amiga me llamó para decirme que si podía escribir qué influencia había tenido Conchita en mi vida, lo primero que contesté es que no podía hacerlo, pues realmente no siento que conozco a fondo la vida de ella, aunque he leído algunos libros, pero no los suficientes. Sin embargo creo que en pocas palabras puedo expresar los cambios que han ocurrido en mi vida desde que empecé a asistir al Apostolado de la Cruz, y por medio del cual me he interesado en Concepción Cabrera de Armida.

Quiero decirles que nunca antes había participado en ninguna actividad religiosa, ni jamás había asistido a un retiro espiritual. Creo mi primer año en el Apostolado de la Cruz no entendí nada de lo que se hablaba, hasta que el Espíritu Santo me envió un rayito de luz y cada día que pasa siento estoy subiendo un peldaño más en mi vida espiritual. La vida de Conchita definitivamente que ha tenido que ver mucho en todos estos cambios, pues ella, igual que yo, fue esposa y madre, y eso me ha hecho darme cuenta que, amando a Dios sobre todas las cosas, he podido llegar a ser mejor esposa, madre, persona; y lo mejor que he experimentado es que una de mis hijas me dijera que ellas han notado el cambio en mi relación con mi familia.

Sus lecturas me han ayudado ha sentir un gran amor por el Corazón de Jesús, a no querer ofenderlo con mis pecados y darle más dolores en esa cruz íntima que vio Conchita. A tener mayor amor por los más necesitados, los enfermos, la familia, los amigos, a orar por los sacerdotes, y vocaciones sacerdotales, a abrazar mis cruces con más fortaleza y aceptarlas con amor y tranquilidad, haciéndolo por complacerlo. Ha sido un gran ejemplo a seguir en cuanto a lo que es disfrutar de la Misa, el anhelo de recibir la comunión, y comprender mejor el Evangelio. A no darme por vencida en mis momentos de desolación y seguir persistiendo en la oración porque buscándolo Él me encontrará. A aprender a perdonar para poder amar. A reconocer los errores, la vanidad y el egoísmo. A ver con otros ojos todo lo que gira a mi alrededor, sin dejar de prestarle importancia a personas o detalles que antes no me interesaban, y sobre todo a darle gracias a Dios siempre en lo bueno y lo malo que esté pasando en mi vida.

Esta es la transformación o cambios que el Señor ha hecho en mi vida a través de Concepción Cabrera de Armida.

María Auxiliadora Cordón
Apostolado de la Cruz, Centro de Houston

 
¿Qué significa Conchita en nuestras vidas?
Llegar a conocer la vida de nuestra madre Conchita ha sido una gracia mandada por Dios para nosotros. Magda recuerda la inquietud espiritual que sentía en aquella época y como a través de las reuniones del Apostolado de la Cruz sintió como Dios se comunicaba con ella dejándome saber que allí encontraría el sentido de su vida, su vocación. Inmediatamente quiso saber más de la vida de nuestra madre Conchita, y qué inspiración fue conocer su amor por Jesús; su intimidad con Él; querer consolarlo; querer que otros lo conocieran; querer salvar todas las almas. ¡Cómo quería a sus sacerdotes! ¡Qué abierta su alma a la inspiración del Espíritu Divino!

Conchita, madre, esposa, santa. Vivió su vida haciendo cosas rutinarias, tomó lo ordinario de la vida y lo elevó a un nivel extraordinario. Ella ha sido una modelo para nuestras vidas - tanto en la casa con nuestra familia: en el trabajo con los pacientes que atiende Frank como médico; y en la comunidad a la que servimos. Es un ejemplo de la vida actual contemporánea. Vivió en tiempos difíciles donde la religión fue y aún es tratada como algo individual. Pocos se darían cuenta de su intimidad con Cristo y cómo ofrecía todo - sus frustraciones, penas, alegrías, todas las acciones del día con Cristo al Padre. ¡Qué descubrimiento ha sido llegar a entender este aspecto sacerdotal de la vida espiritual! Ambos lo conocíamos intelectualmente pero no lo habíamos internalizado. Desde ese momento de revelación por el Espíritu Santo, nuestra vida ha tomado un sentido más profundo, más enfocado en Cristo, y en lo que Él quiere hacer con nuestras vidas.

Ahora miramos nuestras vidas de forma distinta. Miramos nuestra historia y reconocemos más su divina presencia en su transcurso. Agradecemos los talentos que Dios nos ha dado y caemos en cuenta que no son para nosotros sino para que Cristo llegue a vivir en nosotros por siempre, y por siempre a través de los tiempos hacerse presente, y llegar a tocar la vida de muchos más.

Esta experiencia nos lleva a una constante renovación, a enfocarnos en querer hacer su voluntad, y querer acompañarlo en su jornada de salvación. Para Frank, como médico, esta realización lo ha hecho cambiar su manera de ser con sus pacientes, y a invocar la dirección del Espíritu Santo, especialmente en procedimientos difíciles y de gran riesgo. Frank ha empezado a abrirse más y expresar su fe en Cristo no sólo con aquellos que la comparten con él o en su vida personal pero, también, y aún más difícil, en su trabajo de médico, donde la filosofía es mantener cierta distancia con el paciente para mantener objetividad.

Para mí, éste crecimiento espiritual me ha llevado ha reconocer el valor que Cristo le da a mis acciones diarias por más simples o complicadas que sean, ya sea cuidando de la casa y de mi familia, o en proyectos de salud pública para la comunidad. Noto la belleza de la creación, y cada vez enfoco menos en mí y más en los demás. Busco a Jesús en otros, rezo por otros, los que conozco personalmente y los que no conozco también, y de manera muy especial por nuestros sacerdotes, para que sean santos.

Ambos queremos unirnos más a Él para que no seamos nosotros sino Él quien opera en nosotros. Este cambio de actitud nos está guiando a reflexionar más, a hacer silencio para poderlo escuchar, a adorarlo en la Eucaristía y celebrar con Él su sacrificio en la misa. 

La vida nos ha puesto y nos pondrá más obstáculos, pero nuestra fe y esperanza se acrecientan. Sabemos que Dios nos dirige. ¡Y qué muchas gracias le damos por su amor incondicional, que lo perdona todo, y que nos transforma!

Frank y Magda García
Apostolado de la Cruz, Centro de Houston


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