CONCHITA

Diario Espiritual de una
Madre de Familia

La más alta santidad accesible
a todos

Al concluir estas páginas en que hemos intentado presentar, aunque de manera incompleta e imperfecta, la figura y la doctrina de Conchita se impone una visión sintética, una visión de conjunto.

Un teólogo ante todo debe preguntarse: ¿qué ha querido Dios realizar en esta humilde sierva suya para bien de toda su Iglesia?

La más alta santidad accesible a todos

"Ser esposa y madre no fue nunca un obstáculo para mi vida espiritual", afirmaba ella. Hablando como mujer declaraba a una de sus nueras: "Fui muy feliz con mi marido".

En la última conversación con su marido gravemente enfermo le preguntó: ¿Cuál es tu última voluntad para mí? --"Que seas toda de Dios y toda de mis hijos".

El Señor mismo le dijo un día: "Te casaste para mis altos fines, para tu propia santificación y para ser un ejemplo para muchas almas que creen incompatible el matrimonio con la santidad".

Las más grandes gracias místicas descritas por los maestros espirituales no son el privilegio de los consagrados a Dios en la vida sacerdotal o religiosa sino que son ofrecidas a todos los cristianos cualquiera que sea su condición.

Nos parece que Dios ha querido darnos una demostración viva, histórica, de esta verdad, en Conchita.

El Concilio Vaticano II lo ha afirmado con toda claridad y fuerza (cfr. Cha. V, en particular el No. 40, de la L.G.). "Es pues completamente claro que todos los fieles de cualquier estado o condición están llamados a la plenitud de la vida cristiana, y a la perfección de la caridad". No hay cristianos de segunda categoría. Todos estamos obligados a tender a la más alta santidad.

Conchita recibió las gracias eminentes del desposorio y del matrimonio espiritual descritos por los grandes místicos en su condición de "pobre casada", como se decía a sí misma.

Como instrumento de Dios, Conchita, como se le llamaba familiarmente, tiene una misión profética para el mundo de hoy:

El Señor mismo le había anunciado que sería:

-un modelo de esposa y de madre de familia,
-pero que su misión se extendería más allá para hacer resplandecer el poder santificador de Cristo y del Espíritu Santo "en todos los estados de vida".

-Sí, es un modelo de esposa, de madre, de educadora... pero es también una de las más grandes místicas de la Iglesia que conduce a las almas hasta la consumación en la Unidad de la Trinidad.

Su mensaje llama al laicado entero, hombres y mujeres casados, a la más alta santidad.

Un nuevo estilo de santidad

No es un tipo de santidad que aleje del Evangelio, sino que por el contrario, es un retomo a él mediante una nueva aplicación del mismo.

Alejarse del espíritu del Evangelio y de la doctrina de la Cruz sería negar a Cristo; más bien nos referimos al sentido en el que Teresa de Lisieux hablaba de "un caminito nuevo". Nos encontramos, indudablemente, en una nueva edad de la espiritualidad.

Lo que contiene de nuevo este mensaje espiritual es:

1. Un llamamiento a todos, también a los Iaicos, a los casados, a todos, a la más alta santidad.

2. Por la transfiguración de la vida cotidiana, la consagración de Io profano, la divinización por la fe, por el amor y por el espíritu de sacrificio, de la vida ordinaria.

3. La más alta santidad. Trascendencia del mensaje de la Cruz. Aún las acciones más sencillas adquieren un valor infinito por la ofrenda de amor en unión con Cristo, imitando los últimos años pasados sobre la tierra por la Madre de Dios en el atardecer de su vida al servicio de la Iglesia naciente.

En el ocaso de su vida el Señor pidió a Conchita que iniciase una nueva obra en favor de la santidad de los hogares. "Te voy a pedir una cosa. Una Cruzada de almas víctimas en favor de Ia gloria de mi Padre, siguiendo el espíritu de la Cruz.

"Quiero muchos actos de expiación por los divorcios que tanto daño traen a los hogares, a los esposos, hijos, sociedad.

"Quiero expiación por tantos pecados ocultos y por tantas faltas de omisión en la formación cristiana de los hijos.

"Quiero una 'Cruzada de almas víctimas por la santificación de los hogares' " (31 de octubre, 1935).

¿Quién no ve la oportunidad providencial de esta obra?


 

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